sábado, 19 de noviembre de 2011

EL TRUJILLANO UNIVERSAL

Mario Briceño Iragorry: Nació en Trujillo (Edo. Trujillo) el 15 de septiembre de 1897 y murió en Caracas el 6 de junio de 1958.

Briceño cursó sus estudios de primaria en su pueblo natal y el bachillerato lo hizo en el Colegio Federal de Varones de Valencia. En 1912 se trasladó a Caracas e ingresó ese año a la Academia Militar donde conoció al futuro presidente Isaías Medina Angarita. Luego de desempeñarse como periodista para la publicación Ariel en 1918, viajó a Mérida para seguir sus estudios de derecho en la Universidad de los Andes, los cuales culminó en 1920.

En esa época, Briceño ingresó junto a Lisandro Alvarado, Jacinto Fombona Pachano y José Antonio Ramos Sucre a la Dirección de Política Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores. Simultáneamente, era docente del Liceo Andrés Bello, del cual llegó a ser director. Un año después se convirtió en Secretario de la Cámara de Diputados (1922), para luego desempeñarse como Cónsul de Venezuela en Nueva Orleans (1923-25).

En 1927, Briceño regresó a Trujillo y fue nombrado Secretario General del Estado, ejerciendo interinamente la presidencia del mismo. Ese mismo año, fue Director de la Escuela de Ciencias Políticas. En 1928, fue designado presidente del estado Carabobo y, meses después, Secretario de la Universidad Central de Venezuela.

Mario Briceño Iragorry se incorporó a la Academia Nacional de la Historia y de la Lengua en 1932. Cuatro años después, fue designado ministro plenipotenciario en Centroamérica, con sede en San José de Costa Rica, donde actuó hasta 1941.

Briceño desempeño también la Dirección del Archivo General de la Nación (1942-1943), la Gobernación del Estado Bolívar (1943-1944) y la presidencia del Congreso de la República (1945).

A raíz del golpe de estado que derrocó al gobierno de Isaías Medina Angarita (18 de octubre de 1945), Briceño Iragorry fue detenido y llevado preso al Cuartel de la Planicie. A los pocos días es liberado y se dedicó a ejercer su profesión de Abogado.

En 1946, el trujillano recibió el Premio Municipal de Literatura por su obra Casa de León y su tiempo, y al año siguiente, el Premio Nacional de Literatura por su libro El regente Heredia o la piedad heroica.

Mario Briceño Iragorry fue nombrado embajador de Colombia en 1949. En plena madurez literaria, publicó una serie de libros que lo convierten en uno de los más densos exponentes de la historia y de la ensayística contemporánea de Venezuela.

Briceño-Iragorry apoyó la candidatura presidencial de Jóvito Villalba en las elecciones de 1952 y se exilió tras el desconocimiento de la Junta Militar a Costa Rica (1953) y Madrid (1953-1958). En esos años estuvo madurando sus ideales políticos sobre el nacionalismo a través de diferentes publicaciones.

En abril de 1958, Mario Briceño Iragorry retornó a Venezuela. Dos meses más tarde murió.

Algunas de las publicaciones de Briceño Iragorry son: Horas (1921), Motivos (1922), Ventanas en la noche (1925), El Caballo de Ledesma (1951), Relación geográfica de la Provincia de Cuyas, Trujillo, Sentido y Ámbito del Congreso de Angostura, Lecturas Venezolanas, Sentido y presencia de Miranda, Tapices de Historia Patria, La Tragedia de Peñalver, Por la ciudad hacia el mundo (1957).

Los restos de este insigne venezolano yacen en el Panteón Nacional desde el 6 de marzo de 1991.

Una revisión al pensamiento de Mario Briceño-Iragorry en su cuentística (1915-1920)


Valmore Muñoz Arteaga
Universidad Católica Cecilio Acosta

La cuentística de Briceño-Iragorry se encuentra diluida en la prensa trujillana y merideña de las primeras décadas del siglo XX. Entre 1915 y 1920 se pueden leer en Ariel y El Rehabilitador de Trujillo, y Albores, Veinte años, Tic-Tac, Alquimia y Ecos Andinos de Mérida. Y que probablemente reuniría en un texto que permaneció inédito llamado Cuentos de estío. Una colección que consta de unos 21 cuentos cortos, que aunque de una notable pobreza narrativa en comparación con los cuentos que venían publicando en la prensa compañeros de generación, entre ellos: Jesús Enrique Lossada y Julio Garmendia; sí poseen el testimonio de un pensamiento en formación, de una pasión ‘comprometida’ con la integridad de una sólida conciencia social bajo el cobijo un discurso que está desarrollándose en América latina. Cuentos, así como su poesía, que parecen significar la ejemplificación de una cátedra que viene dictando desde el ensayo.

El cuento, como la poesía y el ensayo, será el agente fundamental para la creación de un diálogo entre la juventud, reconocida como la generación del 18, y los promotores del modernismo y de la unidad latinoamericana; principalmente Rodó, Ugarte, Vasconcelos y Martí. Un diálogo intercultural que entiende que:

Para ayudar en la tarea concreta de construir una América latina que, en el espíritu de la propuesta por Martí, sea realmente la casa en la que conviven, con y en justicia, todas las diferencias culturales que hacen la riqueza de nuestro continente

Un diálogo que buscará los aires nutricios en un modernismo que respira desde su ‘fundación’ aires del romanticismo europeo, básicamente, el alemán y el francés. Mario Briceño-Iragorry forma parte importante del coro ‘dionisiaco’ de este diálogo intercultural. Desde el cuento abonará el camino de la angustia colectiva del intelectual que se margina de la sociedad, que se autoexecra de la realidad para habitar los laberintos del minotauro y del ensueño. En el cuento morirá como hombre para nacer nuevamente despojado de la mediocridad y la insuficiencia de la hora menguada. Para hacerse superhombre en búsqueda de la utopía. Una utopía que busca la fundación de una nueva sociedad, pero dirigida por los más aptos (recordemos su participación 30 años después en el Partido Democrático Venezolano y la concepción de este en el manejo de la nación). ¿Acaso hablamos de la República platónica? Sin duda.

En todo caso, Mario Briceño-Iragorry va tras la huella de si mismo por los senderos del romanticismo europeo, y desde allí fermenta el buen vino que celebran sus palabras ora en el ensayo, ora en la poesía, ora en el drama, ora en el cuento. Recordemos que el título de desollado le viene de su producción poética y cuentística, y no del ensayo en donde se hace de un nombre fundamental en nuestras letras.

La cuentística de Briceño-Iragorry está plenada de temas dignos que se juntan para solicitar a la buena audiencia un análisis aun más digno, serio y profundo. Hemos decidido pasearnos por ellos a través de su crítica a la sociedad del momento. Trabajaremos la cítrica a la sociedad porque queremos ser solidarios con Marx cuando refería que mientras hubiese capitalismo, este tendría su crítica, y ella, provendría necesariamente del espíritu romántico.

El romanticismo en el que puede adscribirse la cuentística de Briceño-Iragorry, es el mismo que describe el sociólogo Michael Löwy como un movimiento cultural de protesta contra la civilización industrial - capitalista moderna, porque considera que ella destruye los valores comunitarios; porque cuantifica y cosifica la vida social; y lo más importante, porque produce el desencadenamiento del mundo. Al enfrentarnos a la primera narrativa de Briceño-Iragorry tropezamos con un discurso agónico que critica los modos de vida y las tradiciones antiguas destruidas por el avance desmedido de esa civilización capitalista - industrial que insurge en Venezuela con la explotación petrolera y que legalizará el positivismo gomecista, y su manejo de la sociedad desde las teorías darwinianas.

En el cuento El otro, publicado en El Rehabilitador de Trujillo el 18 de marzo de 1916, Briceño-Iragorry cuenta la conversación de una madre con su hija enamorada de un poeta:

Convéncete Helvia, no debes elegir para esposo ese que acabas de nombrar. La elección debe recaer siempre en persona que, además de sus cualidades de caballero, reúna las de un individuo pudiente. ¿Qué vas a ganar con que te adore, con que sepa decirte: “tú eres la luz de mi vida”, “por ti iría al cielo y robaría una estrella para colocarla a tus plantas como una humilde ofrenda de amor”, si no puede satisfacer tus caprichos de mujer hermosa y galante?... Di pues, ¿qué vas a ganar con todo esto?

Palabras que nos recuerdan el poema “A un joven burgués” de su coterráneo José Félix Fonseca publicado en su primer libro Hojas errantes (1916) y prologado, justamente, por Briceño-Iragorry:

Me aborreces con furia impotente

porque sabes muy bien que yo no humillo

la altivez luminosa de mi frente

ante tus onzas de dorado brillo.

Pretendes con tu vil palabrería

encenegar mis cantos de poeta:

es que tú envidias la franqueza mía,

es que mi nombre de escritor te inquieta.

porque el insultador no vale nada

jamás intentaré blandir mi espada

aunque vomites de furor espuma.

pero si piensas quebrantar mi calma

sabe que puedo calcinarte el alma

con el trágico fuego de mi pluma!

Más adelante en otro cuento intitulado Las rosas, publicado en el mismo periódico, pero en 1916, escribe:

-Sabes que me acuerdo ahora de aquel poema persa de Abon Isaac, dijo Gabriel, el magnífico poeta, cantor de la voluptuosidad de la vida, que vivía entre jardines llenos de otoño y que dice en el ritmo sonoro de uno de sus versos: “...qué podrás comprar con el dinero de tus rosas que sea más amable que las rosas?...” Porque sabes que causa verdadera lástima ver cómo esas pobrecitas floreras atraviesan las calles solicitando compradores para su fragante mercancía, para esa mercancía florida que es el símbolo de sus vidas pobres y humildes.

-Mira, empezó Efraín después de un tiempo silencioso, tienes razón en lo que dices, pero cuando el poeta persa existió, cuando sus sueños floridos vivían una vida dúplice bajo los árboles enfermos de otoño, que tú dices, o bajo el follaje, febriciente de vida por el beso de la primavera, donde él sentiría acaso esa gran voluptuosidad de la vida que canta en sus poemas sublimes, serían las rosas únicamente lo más amable que se vendiera, lo más espiritual, pero hoy, Gabriel, hoy el estado morboso de la sociedad humana, las prácticas pestilentes de una moral hacen que se vendan cosas más adorables, como el corazón, como la honra, ¿has visto algo más doloroso que una honra hecha pedazos, agonizando sobre unas escasas monedas de plata?... ¿o un corazón vendido por una efímera posición social?...

- Convéncete: hoy existe un gran estío en el alma

El romanticismo no es únicamente un modo de hacer literatura, va más allá de eso. El romanticismo es una conducta, o como lo dice Michael Löwy en una entrevista ofrecida a Néstor Kohan en Argentina:

-Defino el Romanticismo no como una escuela literaria del siglo XIX, como suelen hacer los manuales, sino como un movimiento social y cultural amplio que tiene su expresión en el campo de la literatura y el arte, pero también en la filosofía, en la política, en las ideas sociales y económicas, en la teología y la religión. Es decir, en todos los campos de la cultura social. Para decir esto me apoyo en trabajos de autores como el joven Lukács o el historiador E.P. Thompson, pero ellos no llevan el análisis hasta las últimas consecuencias. El Romanticismo, tal como yo lo entiendo, nace en la segunda mitad del siglo XVIII, pero no termina en 1830 ni en 1848, sino que continúa incluso hasta hoy.

Mario Briceño Iragorry y los problemas de la Sociedad venezolana

-Ramón Briceño Cherubini-

En diversos textos escritos por Don Mario Briceño Iragorry, encontramos una constante sobre el diagnostico de la situación socio-política y cultural de Venezuela.

En su obra de los años 1946-47-49 y 1953-1958, hace un análisis profundo de los problemas de la sociedad venezolana. Nos habla de los defectos de nuestra sociedad.

En sus obras Casa León y su tiempo: aventura de un anti-héroe de 1946 y El regente Heredia o la Piedad heroica de 1947, como la carta a Andrés Induarte publicada en 1949 bajo el título de En desagravio de Venezuela, o las consideraciones contenidas en La traición de los mejores escritas en Costa Rica, febrero 1953, pasando por los conocidos ensayos Aviso a los navegantes y Mensaje sin destino, hasta llegar a la Hora undécima, en todos encontramos la insistente necesidad de indagar, interpretar y ofrecer su visión sobre los distintos problemas que aquejaban a Venezuela.

Este trujillano estudia las bases históricas de Venezuela en torno a la crisis de pueblo. Estudia el proceso constructivo del país. En su obra “Los Riberas”, novela escrita en el año 1957, nos refleja que "Venezuela ha vivido a la sombra de caudillos". En esta obra no nos habla de cualquier caudillo, sino de Juan Vicente Gómez, quien tuvo como uno de sus mayores méritos "acabar con los caudillos regionales".

"No hay memoria para nada en Venezuela" dice uno de los personajes de la novela. Se escribe una Historia útil para los hombres que vivirán en este país.

En su obra: “La hora undécima”, del año 1956, expresa que “Sin que los hombres tomen conciencia de si mismos, no llegarán al cumplimiento de su destino”. Nos dice Briceño-Iragorry: “Planteo en estas páginas el caso de nuestra cultura universal relacionada con el propio valor de la venezolanidad en su dimensión de justicia humana. Mi empeño apunta a fijar líneas para una concepción integral del valor y del deber del hombre venezolano”.

Fue un estudioso de la tradición venezolana durante la Colonia y en general de la historia de Venezuela. Dijo en San José de Costa Rica que: “Nuestra Democracia carece de bases reales, por la ausencia de costumbres y sentimientos que la hagan posible. Nuestra mentalidad está preparada, como lo hemos sentido en carne viva nosotros mismos para las formas dictatoriales…nuestra conciencia de pueblo está formada por la sedimentación de sentimientos guerreros, propensos a considerar la autoridad como una fuerza que se impone por si misma y no como la resultante de un consenso cívico. No tenemos nosotros individualmente la culpa que toca a la historia”.

Para Don Mario la irresponsabilidad individual se convierte en irresponsabilidad social que se traduce en la falta de sentido cívico que expresa el pueblo venezolano. Este defecto se ve agravado por el hambre, el analfabetismo y el autoritarismo presentes en nuestra sociedad.

Briceño Iragorry nos dice que “ Sobre una sociedad corrompida por la mentira, no se puede construir nada válido. Ayer hubo falsedad en discursos y palabras de los gobernantes. Hoy la falsedad trasciende a todo…todo conspira en Venezuela, al endiosamiento de la mentira. Todo se rinde al poder disolvente del dinero”.

Para Don Mario hablar de las fallas, de los problemas de la sociedad venezolana, era el inicio de un proceso de recuperación. Pensaba que si encontrábamos cuáles eran nuestros defectos fundamentales y les buscábamos remedios, no tardiaríamos en encontrar una salida.

Hoy les hablamos, a una distancia de 50 años de su partida física, de este escritor trujillano, que va a construir un importante legado en el debate de las ideas ocurrido en Venezuela en las primeras cuatro décadas del siglo; un debate de ideas que pretendió, definir los patrones políticos, económicos, sociales y culturales de un país que abría los ojos a la modernidad. Obras de importancia fundamental como Tapices de historia patria, El caballo de Ledesma, Mensaje sin destino, Alegría de la tierra, Aviso a los navegantes, entre otras, comprueban el interés de Briceño-Iragorry por definir el perfil de Venezuela ante el mundo y ante ella misma.

En esa búsqueda de conceptos, el escritor trujillano entiende que no puede alcanzar dicha definición sin antes proceder en la renovación del mundo espiritual del venezolano. Según él, nada puede ni tiene sentido sin admitir la presencia de Dios en la vida y obra del hombre; en tal sentido, su análisis social y cultural pasa primero por un análisis espiritual centrado en su fe en Cristo y en la doctrina católica. Es por ello que se siente en la necesidad de fijar posición acerca del Cristo que decide seguir y a quien le va a brindar importantes y hermosas páginas de sus obras.